Huelga de vegetales

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Había una vez una familia de zapallitos. Había una mamá, un papá, una hija y un primo. Un día la hija vio que su primo no estaba, y cuando preguntó, los papás le explicaron que era porque se lo habían comido las personas. La zapallita preguntó si a ellos también se los iban a comer.

Los papás zapallitos le explicaron que era la ley de la vida, nacían, crecían y se los comían las personas. La zapallita se puso a llorar y pensó que no era justo, que por qué las personas no se comían a los animales en vez de a los pobres vegetales. Los zapallitos se quedaron pensando, y llegaron a la conclusión de que la zapallita tenía razón: después de todo, los vegetales estaban tan vivos como los animales. Así que hicieron correr la voz  entre todos  y empezaron a manifestarse por el derecho a la vida de los vegetales.

En los distintos pueblos marchaban las lechugas, los rábanos, las zanahorias, las uvas, las rúculas, las manzanas, los pepinos, las cebollas de verdeo, los tomates, los ajos, todos los vegetales se iban sumando a la protesta, reclamando por su derecho a la vida, ante la indiferencia de pinos, ligustros y rosales, que como no eran comestibles, se sentían superiores.

Ante tanta manifestación, comenzaron a sensibilizarse las personas. Muchos años antes ya se había dispuesto globalmente la prohibición de comer carne animal. Posteriormente esta prohibición se había extendido a todo producto de origen animal, con lo que el veganismo se había propagado hasta el punto de apresar a quien osara hacerse un huevo frito. Los gobiernos fundamentalistas de los distintos países acordaron (en alianza con los laboratorios…) que comer vegetales era tan inmoral como comer animales, por lo tanto, para felicidad de los zapallitos, se prohibió la ingesta de cualquier alimento de origen viviente, vegetal o animal. La alimentación sería a partir de ahora puramente sintética, y sería proporcionada por los laboratorios especializados.

Las frutas, las verduras, las hierbas y los condimentos festejaron y empezaron a reproducirse solitos, porque ya nadie se interesó en cultivarlos…

Las personas se acostumbraron a alimentarse con pastillitas. Había pastillitas con proteínas, con vitaminas, con minerales, con hidratos de carbono, y con grasas. Algunas venían balanceadas, para no tener que combinarlas si no tenías tiempo para cocinar. Desapareció la obesidad del planeta, también el colesterol LDL y la diabetes, pero también empezaron a caerse los dientes por falta de ejercicio. Claro que la demanda de dentistas bajó, porque al no necesitarla, los pacientes no se preocuparon tanto por la dentadura. Pero lo peor de todo es que empezó a desaparecer la alegría: ya no había excusas para juntarse, el asadito del domingo se terminaba en un momento con un vaso de agua, ya no se podía uno encontrar a tomar un café, ni a comerse un sandwichito en la plaza con los amigos.

Un garrón.

Cada tanto, alguno, cuando creía que nadie lo veía, se robaba una mandarina de algún árbol, a riesgo de pasar varios años a la sombra. Pero ese momento inigualable valía la pena. El sabor dulce del jugo de la mandarina no se comparaba con la pastilla de la vitamina C. Poco a poco, las personas se empezaron a rebelar, a cultivar a escondidas sus vegetales preferidos, y algún osado crió gallinas en el galpón para comer los huevos y tal vez algún pollo al horno.

Cuando condenaron a perpetua al pobre osado de las gallinas, salieron todos a defenderlo. Y se negaron a comprar más pastillas a los laboratorios. Y reclamaron por su derecho a saciar su hambre, a disfrutar de los sabores, a MASTICAR. Y con miles de pancartas que decían “QUEREMOS MASTICAR”, se dirigieron millones a las puertas de las casas de gobierno a exigir la inmediata derogación de las leyes que prohibían disfrutar del alimento natural.

Los gobiernos no tuvieron más remedio que ceder.

Así fue como las personas volvieron a comer vegetales, animales, y todo lo que les diera placer. Por suerte, a esta altura del partido, nuestros amigos, los zapallitos del principio, ya habían fallecido por motivos naturales, y sus semillas se habían reproducido en cantidad.

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  1. QUERIDA SOBRINA ME ENCANTO FELICITACIONES BUEN COMIENZO PARA PUBLICAR UN LIBRO DE CUENTOS Y QUE SEAN ILUSTRADOS POR TUCHO

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